Láser para hemorroides: qué resuelve y qué no

Si estás leyendo esto, es probable que hayas visto una publicidad de láser para hemorroides. Suelen prometer lo mismo: sin cirugía, sin dolor, sin anestesia, y que no vuelven nunca más. Vale la pena separar qué parte de eso está respaldada por estudios y qué parte es venta.

Qué es el láser para hemorroides

La técnica se llama hemorroidopexia láser. Se introduce una fibra que emite energía dentro del tejido hemorroidal: el calor cierra los vasos que lo alimentan y el paquete se retrae, sin cortar ni extirpar. Es una idea razonable y no es nueva.

Lo primero que conviene aclarar: es una cirugía. Se hace en quirófano y con anestesia. Que la recuperación sea más corta no la convierte en un procedimiento de consultorio, por más que se la presente así.

Lo que los estudios sí muestran

Y esto es cierto, no hay que negarlo. En una revisión que reunió 9 estudios con 661 pacientes, comparada con la cirugía convencional la hemorroidopexia láser mostró:

Menos dolor posoperatorio: al séptimo día, casi 4 puntos menos en una escala de 10, con menor uso de analgésicos.

Menos sangrado posoperatorio y un tiempo quirúrgico más corto.

Vuelta antes a la actividad habitual: alrededor de 12 días antes en promedio.

Conclusión del especialista: para mucha gente eso no es un detalle. El miedo al posoperatorio es una de las razones más frecuentes por las que un paciente posterga una cirugía que necesita. Si una técnica reduce ese miedo, merece estar sobre la mesa.

Lo que la publicidad no te cuenta

«No vuelven más». Acá está el punto. Los mismos trabajos que muestran menos dolor muestran una tendencia a más recurrencia: 28,6 % contra 20 % al año en esa revisión. Y en la comparación más reciente contra otra técnica moderna, publicada en 2026 sobre 461 pacientes, el láser ganó en dolor, en días de internación y en vuelta al trabajo, pero perdió claramente en recurrencia.

«Sirve para cualquier hemorroide». Rinde mejor en grados II y III. Con prolapso importante, componente externo grande o paquetes muy voluminosos, la cirugía convencional sigue siendo la que resuelve el problema de fondo.

«Es indoloro». Duele menos. No es lo mismo que no doler.

«Es la técnica más moderna, por eso es la mejor». Más nueva no significa mejor. Significa que hay menos años de seguimiento para saber cómo le va.

El intercambio real

Si tuviera que resumir toda la evidencia en una sola frase, sería esta: el láser cambia recuperación rápida por menos durabilidad. Te recuperás antes y con menos dolor, y a cambio la chance de que el problema vuelva es algo mayor.

Eso no lo hace malo. Lo hace una opción con un perfil determinado, que en algunos pacientes es justo lo que conviene y en otros no. Lo que está mal no es la técnica: es venderla como si no tuviera contrapartida.

Dónde se usa el láser, y por qué eso importa

El láser se indica sobre todo en hemorroides de grado II y comienzo de grado III. Es un dato más revelador de lo que parece.

Ese es exactamente el rango donde la guía de la Sociedad Americana de Cirujanos de Colon y Recto (2024) le da a la ligadura elástica su recomendación más alta —nivel 1A— como el procedimiento más efectivo de ese escalón. Y fuera de ese rango, en los grados III avanzados y IV con prolapso o componente externo, la recomendación 1A es la cirugía convencional: ahí el láser tampoco es la respuesta. En esa guía, dicho sea de paso, el láser no figura.

O sea: el láser no compite contra la cirugía grande. Compite contra la técnica más barata que existe para ese mismo problema, en el único tramo donde puede usarse. La pregunta razonable no es si el láser funciona —funciona—, sino cuánto más estás pagando por una diferencia que se nota sobre todo durante la primera semana.

Y que algo funcione un poco mejor no alcanza para que valga lo que cuesta. Hay un ensayo grande que lo mostró con claridad en esta misma especialidad: comparó una técnica cara guiada por Doppler contra la ligadura elástica común, en 372 pacientes. La técnica cara redujo las recurrencias —30 % contra 49 % al año— y aun así el análisis económico concluyó que no se justificaba: costaba más de mil libras extra por paciente, dolió más los primeros días y tuvo más complicaciones. Cuando se mide el beneficio real contra el gasto real, la respuesta no siempre es la del folleto.

Qué corresponde según el grado

Esta es la parte que casi nunca te muestran, y es la que te permite darte cuenta solo si lo que te ofrecen encaja con tu caso. Las recomendaciones son las de la guía de la Sociedad Americana de Cirujanos de Colon y Recto (2024).

Grado I (no salen): casi siempre se maneja sin procedimientos: fibra, agua, hábitos evacuatorios y tratamiento de los síntomas. Si persiste el sangrado, puede indicarse un procedimiento de consultorio. Un grado I no es una indicación de cirugía.

Grado II (salen al pujar y vuelven solas): acá la ligadura elástica es el procedimiento con la recomendación más alta —nivel 1A— y es el más efectivo de su categoría. Es también el tramo donde se ofrece el láser.

Grado III inicial (salen y hay que empujarlas): en casos seleccionados sigue siendo razonable la ligadura elástica; también entran la hemorroidopexia y, para algunos, el láser. La decisión depende de cuánto te afectan los síntomas y de qué se intentó antes.

Grado III avanzado y grado IV (no vuelven a entrar), o con componente externo importante: acá la recomendación 1A es la cirugía convencional. Ni el láser ni los procedimientos menores resuelven el problema de fondo, por más que se ofrezcan.

Conclusión del especialista: si la técnica que te propusieron no se corresponde con tu grado, no hace falta que discutas: preguntá por qué. Una indicación bien pensada se explica en dos minutos.

Un dato que casi nunca se aclara

La certeza de esta evidencia es baja. Son pocos ensayos, con pocos pacientes y seguimientos cortos; los propios autores de la revisión de 2026 califican la certeza como muy baja y piden estudios mejor diseñados. Cuando alguien te presenta el láser como una verdad cerrada, está afirmando bastante más de lo que los estudios permiten afirmar hoy.

El costo también es una variable clínica

Muchas de estas técnicas no están cubiertas, o lo están de forma parcial, así que la diferencia de precio la termina pagando el paciente. Eso no es un detalle administrativo: forma parte de la decisión, y tenés derecho a conocerlo antes de decidir, no después.

Una pregunta razonable es cuánto más cuesta la técnica que te proponen respecto de la alternativa, y qué ganás concretamente con esa diferencia. Si la respuesta es «menos dolor la primera semana», puede valer la pena para vos o puede no valerla. Lo que no corresponde es que el precio aparezca recién al final, ni que se presente una técnica como la única opción cuando no lo es.

Cómo se elige una técnica

La técnica no es lo primero que se decide. Primero está el grado, cuánto te afectan los síntomas en tu día a día, qué se intentó antes y cómo respondiste. Recién después se elige con qué herramienta resolverlo.

Un lugar que le ofrece la misma técnica a todo el mundo, sea cual sea el caso, no está eligiendo: está vendiendo.

Una técnica no es un aparato

Esto vale para el láser y para cualquier otra técnica: el resultado no depende solo del equipo, depende de quién lo usa. Hay una curva de aprendizaje real, y los resultados publicados salen de centros con volumen alto y seguimiento sistemático de sus pacientes.

En nuestro medio no existe una certificación específica para esta técnica. Tener el equipo y estar formado en él no son lo mismo, y esa diferencia no se ve en un folleto.

Por eso, si te proponen láser, hay tres preguntas que conviene hacer y que cualquier profesional serio va a responder sin problema: cuántos procedimientos de este tipo hace por año, qué tasa de recurrencia tiene en sus propios pacientes y quién te va a controlar después. Si alguna de esas respuestas es vaga, tomate tu tiempo antes de decidir.

Cómo trabajo yo

Uso ligadura elástica y hemorroidopexia. Y las hago en quirófano, con anestesia, en modalidad de cirugía ambulatoria: entrás, se resuelve y te vas de alta el mismo día.

Mucha gente asocia estas técnicas al consultorio, y en muchos lugares se hacen así. No es mi criterio. La zona anal es muy sensible, y una banda mal colocada o un sangrado posterior son problemas evitables; con anestesia el procedimiento es indoloro y lo puedo hacer con precisión. Prefiero que el paciente no la pase mal por ahorrar un quirófano.

Dicho de otro modo: la técnica de menor costo, hecha en las mejores condiciones posibles. Para mí esa es la ecuación que conviene, y es la que le ofrezco a mis pacientes.

Para que quede claro de dónde hablo: yo no uso láser. Uso ligadura elástica y hemorroidopexia, que en ese mismo rango de casos resuelven lo mismo a un costo bastante menor para el paciente. No es una postura en contra de la tecnología: es que el láser encarece el procedimiento sin haber demostrado mejores resultados a largo plazo. Lo que aporta es un posoperatorio algo más cómodo la primera semana, y eso tiene un precio que no siempre se justifica. Si tu caso se beneficiara con láser, te lo digo y te derivo.

Cinco preguntas antes de aceptar cualquier propuesta

Sirven para cualquier técnica, conmigo o con quien sea:

¿Qué grado tengo? La indicación cambia por completo entre un grado II y un grado IV.

¿Qué pasa si no me opero? Una respuesta honesta incluye la opción de no operarse.

¿Qué chance hay de que vuelva con esta técnica? Si la respuesta es «ninguna», desconfiá.

¿Quién me va a operar? Tenés derecho a saber si te opera la persona que te evaluó.

¿Por qué esta técnica y no la ligadura elástica? Es la comparación que más cuesta responder cuando la indicación no está bien pensada.

¿No querés esperar un turno? Contame tu caso por la consulta virtual: en menos de 24 horas te respondo por escrito y coordinamos la consulta presencial. No es para urgencias: si tenés dolor intenso, sangrado abundante o fiebre, no esperes la respuesta y andá a una guardia.

Ver dónde y cuándo atiendoTodo sobre hemorroides

Si todavía no sabés si lo tuyo son hemorroides, mirá sangre al ir de cuerpo o bulto o bolita en el ano. Las técnicas que sí uso están explicadas en tratamientos. Más material en la Biblioteca del paciente.

Bibliografía

Todo lo que afirmo arriba sale de estas fuentes. Las dejo enlazadas para que cualquiera —paciente o colega— pueda verificarlo.

1. The American Society of Colon and Rectal Surgeons Clinical Practice Guidelines for the Management of Hemorrhoids. Diseases of the Colon & Rectum. 2024;67(5). Guía de referencia internacional: la ligadura elástica como procedimiento más efectivo de su categoría (1A) y la hemorroidectomía para grados III-IV (1A).

2. The HubBLe Trial: haemorrhoidal artery ligation (HAL) versus rubber band ligation (RBL) for symptomatic second- and third-degree haemorrhoids: a multicentre randomised controlled trial and health-economic evaluation. Health Technology Assessment. 2016;20(88). 372 pacientes. La técnica cara redujo la recurrencia (30 % frente a 49 %) y aun así no resultó coste-efectiva; además dolió más y tuvo más complicaciones.

3. Laser hemorrhoidoplasty versus conventional hemorrhoidectomy for grade II/III hemorrhoids: a systematic review and meta-analysis. Annals of Coloproctology. 2023;39(1):3-10. Nueve estudios, 661 pacientes: menos dolor y recuperación más rápida con láser, sin diferencia significativa en recurrencia.

4. Laser hemorrhoidoplasty vs. rubber band ligation: a randomized trial comparing 2 mini-invasive treatments for grade II hemorrhoids. BMC Surgery. 2024;24:164. Único ensayo aleatorizado que compara láser contra ligadura elástica: 70 pacientes, recurrencia al año 5,9 % frente a 11,4 %, sin diferencia estadística.

5. Laser hemorrhoidoplasty versus LigaSure hemorrhoidectomy for grade II-IV hemorrhoidal disease: a systematic review and meta-analysis. BMC Surgery. 2026. Cinco ensayos, 461 pacientes: mejor posoperatorio con láser, pero más recurrencia; los autores califican la certeza de la evidencia como muy baja.

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