Consultas frecuentes → Pérdida de materia fecal → Causas y tratamiento
Esta es la parte más técnica: qué dice la evidencia sobre a quién afecta, por qué aparece, cómo se estudia y qué tratamientos existen. Si buscás primero qué hacer hoy, empezá por la guía práctica.
¿A quién afecta?
Lo que dice la evidencia
Afecta a alrededor de 1 de cada 12 adultos en el mundo. Es algo más frecuente en mujeres que en varones, y bastante más frecuente después de los 60 años.
Qué hace que puedas retenerlo
Los músculos que cierran el ano
Uno trabaja solo, sin que lo decidas. El otro sí lo podés apretar a propósito, por un rato. Los dos están sostenidos por los músculos del piso pélvico.
El recto y los nervios
El recto guarda la materia fecal y avisa a tiempo; los nervios de la zona son los que llevan ese aviso.
La consistencia de la materia fecal
Cuando falla una sola pieza, las demás suelen compensar. Cuando fallan dos o más, aparecen los escapes.
Causas más frecuentes
Un músculo debilitado
Después de un parto o de una cirugía anal previa.
Daño en los nervios de la zona
Con la edad, la diabetes o el esfuerzo del parto.
Diarrea o heces blandas
Mucho más difíciles de contener que las formadas.
Se acumula y se escapa alrededor
Cuando hay tanta materia fecal atascada por una constipación fuerte que se escapa un poco alrededor. Ahí el tratamiento es destrabar la constipación, no frenar el intestino.
El recto se sale un poco
Eso afloja el músculo que cierra el ano y facilita el escape.
El recto no avisa bien
Por diabetes o por otras enfermedades de los nervios.
El paso de los años en el piso pélvico
Un factor que se suma a los anteriores, no que actúa solo.
Cómo se estudia
Primero, la conversación y el examen
Cuándo empezó, cómo son los escapes, cómo es la materia fecal, qué partos o cirugías hubo. Le sigue un examen que muestra qué tan fuerte está el músculo, y descarta que el recto se haya salido un poco o que haya materia fecal acumulada.
Según el caso, algún estudio más
Uno que mide la fuerza del músculo, una ecografía especial de la zona, una revisión del piso pélvico, o una colonoscopía si hace falta descartar otra causa.
Tratamiento: de lo simple a lo específico
Primero, hábitos y consistencia
Fibra y agua, evitar lo que afloja (café, alcohol, picantes, edulcorantes), una rutina para ir al baño todos los días, y loperamida en la urgencia solo con indicación médica.
Después, entrenar el piso pélvico
Ejercicios guiados por un kinesiólogo especializado, y un entrenamiento con aparatos que te muestran, en el momento, cómo estás usando el músculo (esto se llama biofeedback), para que responda mejor. Es el paso que más rinde cuando los hábitos solos no alcanzan.
Cuando eso tampoco alcanza
En casos seleccionados, opciones más específicas —hoy la de referencia es un pequeño dispositivo que estimula los nervios que manejan el intestino, parecido a un marcapasos— y, según la causa de fondo, algún procedimiento dirigido a esa causa. Se decide en equipo, caso por caso.
Pedí una consulta si tenés
- Episodios frecuentes o que van a más.
- Escapes nocturnos.
- Irritación de la piel que no mejora.
- Sospecha de prolapso rectal.
- Antecedente de cirugía anal o de partos complicados.
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- Pérdida de materia fecal: cuando a veces no llegás al baño — la guía práctica, con qué hacer hoy.
- Se me escapan gases sin poder controlarlo — cuando lo que se escapa es solo gas.
- Incontinencia fecal: ¿es cosa de la edad, o tiene tratamiento? — mitos vs. lo que dice la evidencia.
- Consultas frecuentes — todos los síntomas, ordenados como los cuentan los pacientes.
Bibliografía
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Mack I, Hahn H, Gödel C, Enck P, Bharucha AE. Global prevalence of fecal incontinence in community-dwelling adults: a systematic review and meta-analysis. Clinical Gastroenterology and Hepatology. 2024;22(4):712-731.
Andromanakos N, Filippou D, Skandalakis P, et al. Anorectal incontinence: pathogenesis and choice of treatment. Journal of Gastrointestinal and Liver Diseases. 2006;15(1):41-49.
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